Si eres curioso, disfrutarás más del amor

¿Te consideras curioso? ¿Miras el mundo con la mente abierta? Entonces, según la ciencia, tienes una mayor sensibilidad en el ámbito interpersonal, lo que te permitirá construir relaciones más satisfactorias, respetuosas y felices.

La curiosidad se define como un fuerte deseo de aprender o saber. Todos sabemos qué se siente cuando nos abraza su irresistible impronta. Sin embargo, es posible que muchos no conozcan la relación que tiene la conducta o el impulso curioso con el amor. Según un estudio, las personas que más se dejan llevar por este comportamiento suelen conseguir antes eso que llamamos intimidad.

¿Cómo puede ser? ¿Qué vínculo puede tener el ser más o menos curioso con encontrar el amor y conservarlo más tiempo? Pues lo cierto es que bastante. Esa inclinación y motivación extrínseca por atesorar conocimientos hace que seamos más abiertos, sensibles y orientados a la conexión interpersonal.

Sabiendo esto, más de uno dirá aquello de “puesto que el ser humano es curioso por naturaleza, todos deberíamos tener éxito en el campo de las relaciones afectivas”. Bien, aunque nos sorprenda, la realidad es otra.



Cada uno de nosotros llegamos al mundo siendo curioso, criaturas ávidas por atesorar experiencias y conocimientos, no hay duda. Sin embargo, con el tiempo, muchos desarrollan una mente más rígida y con escaso interés por explorar, comprender y descubrir otras perspectivas. En el momento en que el cerebro deja de ser curioso, perdemos algo más que la oportunidad de asentar nuevos aprendizajes.

Una mente cerrada es una mente agresiva. Descubramos por qué.

Según diversos estudios, la curiosidad es un antídoto contra los comportamientos agresivos.

Si eres curioso, serás más feliz

Los neurocientíficos insisten en que pocos impulsos tienen tanta influencia en nuestra existencia como la curiosidad. Una investigación de la Universidad de Rochester apunta a que esta dimensión es un motivador para el aprendizaje, para la toma de decisiones y para lograr un desarrollo saludable como seres humanos.

Pensemos en ello. Si eres curioso, muestras un interés subyacente por conectar con los demás, por saber cómo son sus vidas, qué les gusta, cuál es su pasado y cuáles son sus sueños. Si eres curioso, te define también la apertura emocional y el deseo de lograr intimidad. De este modo, si esta conducta tan decisiva, positiva y poderosa forma parte de nuestro registro cerebral, es por algo.

Dicha experiencia interna es el combustible que nos mueve para obtener más información sobre nuestro entorno. En especial de las personas que forman parte de él. Nos ayuda a actualizar creencias, percepciones y sentimientos para forjar relaciones más respetuosas y significativas con los demás. Curiosidad es apertura, mente flexible y un corazón que se orienta otros seres humanos.

Amar también es deseo por saber del otro

Hay muchas relaciones que llegan a un punto muerto. Tener como pareja a alguien que no se interesa por lo que pensamos, opinamos o valoramos hace que ese vínculo se marchite. Sin embargo, quien se defina por una alta curiosidad siempre se sentirá motivado por saber qué piensa, qué siente y qué necesita el ser amado.

La curiosidad social y emocional también es un constructo psicológico que actúa como facilitador de la sensibilidad en el ámbito interpersonal. Es un tipo de conducta motivada que nos permitirá tanto encontrar pareja como mejorar cualquier relación existente. Si eres curioso, desarrollarás mejores habilidades de comunicación para llegar al otro y tu disposición será siempre más abierta, positiva y respetuosa.

Una mente que desea conocer, descubrir y comprender es menos agresiva

La Universidad George Mason realizó una investigación liderada por el doctor Todd B. Kashdan. Evidenciaron cómo la curiosidad es un antídoto contra la agresión interpersonal. Ser curioso es dejarnos guiar por un interés intrínseco por comprender, ampliar conocimiento y conectar con realidades ajenas a las nuestras.

Nada de esto se logra sin el respeto, la consideración y la empatía. Es más, algo que pudieron descubrir también es que el rasgo de la curiosidad diaria favorece una relación de pareja más feliz y alejada de cualquier atisbo de daño psicológico. En esencia, esta característica nos insta, de algún modo, a comportarnos de manera más amable, extrovertida y respetuosa entre nosotros.

Más allá de lo que nos dice la cultura popular sobre que la curiosidad mató al gato, en realidad, lo hizo más sabio y más feliz. Estamos ante una dimensión más compleja y sofisticada de lo que pensamos. Y su impacto en nuestro bienestar social y emocional es inmenso.

La curiosidad es un mecanismo descuidado de bienestar para nuestras relaciones interpersonales.

Si eres curioso tendrás un salvavidas cotidiano

Sabemos ya que esta dimensión actúa como ese pegamento social que nos permite conectar los unos con los otros. Sentir interés por el universo personal de quien tienes delante es como construir un puente para llegar a él. Ahora bien, hay otro aspecto que vale la pena tener presente. La curiosidad por uno mismo también es necesaria: te permite comprender más tu propia realidad.

A veces, vivimos en piloto automático o situamos en exceso la atención en los demás antes que en nosotros mismos. No podemos descuidarnos. Sentir interés por cómo estamos, qué sentimos y cómo procesamos cada situación también revierte en nuestro bienestar y es un salvavidas cotidiano.

En esencia, si eres curioso, no solo serás un poco más feliz en el amor. También te permitirás crecer como ser humano, adaptándote mejor a un mundo siempre complejo y cambiante. Procuremos también que nuestros niños no pierdan este don, esta virtud natural que a veces, debido a la educación o a entornos poco favorables, tiende a desgastarse y a perder su luz natural…

Valeria Sabater.

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