Quiero más a mi mascota que al resto del universo

¿Alguna vez te has sentido incomprendido al hablar del amor que sientes por tu mascota? ¿Has llegado a sentir que este es tu apoyo principal? Hablamos de estas cuestiones en el contexto de la salud mental.

Piensa en tu mascota. Si la tienes a tu lado, mírala un momento. Recuerda cuando llegó a tu vida: ¿cómo se veía? ¿Cómo fueron los primeros días de convivencia? Piensa cuando te acompañó y estabas triste. En los juegos compartidos. En los paseos al parque. En las tardes grises en el sillón o en los domingos nostálgicos por el tiempo que se va y un tanto temerosos por aquel que viene.

Y es que a muchas personas les resulta muy sencillo entablar una relación profunda y especial con algunos animales. Por ello, es fácil que lleguen a ser considerados como parte de la familia.

En contraposición, aquellos que nunca han tenido un animal en el hogar difícilmente pueden comprender los vínculos fuertes de las personas con sus mascotas. Les resulta extraño, e incluso ridículo, que alguien sienta un grado de empatía mayor hacia los animales que hacia otras personas. Sin embargo, la ciencia nos explica por qué esto no solo es posible, sino también bastante lógico.



¿La mascota puede competir con la pareja?

El amor de nuestras mascotas es profundo e incondicional, una cualidad que es más difícil de encontrar en personas. Por esto, no es de extrañar que muchos elijan a su amigo peludo por encima de su pareja.

Este amor es fuente de alegría, pero también puede despertar los celos en determinadas relaciones, pudiendo llegar a ser, incluso, el motivo que termine precipitando una ruptura. Es más, un estudio realizado por Link AKC señaló que el 80 % de los participantes descartarían a cualquier potencial pareja por el hecho de que no se lleve bien con su mascota.

El mismo estudio se evidenció que más del 50 % de las personas confesaron rechazar invitaciones sociales para pasar tiempo con sus mascotas o no dejarlas solas en casa. A su vez, cerca del 85 % notó una mejora en su salud mental y emocional desde que dieron la mascota llegó a su vida.

Amor entre seres de diferente especie

Humanizar a los animales no es recomendable. Lo que hace especial al vínculo con ellos, es justamente que forman parte de una especie diferente a la nuestra. El amor que sentimos por nuestro perro o gato es simple porque ellos lo son. En cambio, el amor que sentimos por las otras personas refleja una cuestión mucho más compleja. ¿Te preguntas por la razón de esta distinción?

Según Freud, lo que nos hace amar tanto a los animales es que entendemos su entrega hacia nosotros como total e incondicional. Lo hacen con independencia de nuestro aspecto, posición económica o personalidad.

“Quiero que mi mascota viva para siempre”

Estamos todos de acuerdo en que el promedio de vida de nuestros mejores amigos de cuatro patas sea de doce años, es una realidad muy injusta. El tiempo compartido con ellos nunca nos parece suficiente. La pérdida de una mascota es de los momentos más dolorosos que experimentamos los que optamos por compartir etapas de nuestra vida con ellos. Su ausencia nos hace sentir desolación y una profunda tristeza.

De hecho, el impacto emocional que genera su fallecimiento a menudo iguala o supera el intenso dolor que sufrimos ante la muerte de un familiar o amigo. Siempre que se trate de una alguien significativo (sea de la especie que sea), tendremos que transitar un proceso de duelo para tramitar la pérdida.

La empatía hacia animales

Jack Levin y Arnold Arluke son investigadores que llevaron a cabo un estudio enfocado en conocer la explicación del porqué algunas personas sienten una afinidad especial con los perros, que no tienen con otros humanos.

Particularmente, la investigación se centra en averiguar si las personas se angustian más ante el maltrato animal o frente al abuso hacia otro ser humano. Los resultados obtenidos concluyeron que las personas tendemos a preocuparnos más por el dolor de los animales -independientemente de su edad-, a no ser que el sufrimiento provenga de un niño. Es decir, que la edad hace una diferencia para la empatía hacia las víctimas humanas, pero no para las víctimas de perros.

Es así porque tanto a los animales cachorros o adultos, como a los bebés o niños pequeños, los percibimos como seres vulnerables e indefensos. La empatía aumenta cuando la víctima no es capaz de defenderse por sí misma, sino que depende del resguardo de alguien más.

Como vemos, es natural querer a nuestra mascota y preocuparnos por nuestro bienestar, llegando incluso a relegar nuestros intereses por los suyos. Para terminar, reflejar que, si bien es cierto que el vínculo con los animales es muy saludable, puede enmascarar una cruz cuando se convierte en un obstáculo para que la persona disfrute de una buena vida social. En este caso, hablaríamos de una dependencia emocional que, a la larga no es, aunque solo sea por ley de vida, saludable.

Sharon Laura Capeluto.

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