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Por qué estoy triste si mi vida está bien

Lo tienes todo para ser feliz: familia, amigos, trabajo… Y, sin embargo, ahí está esa tristeza constante, esa apatía que a nada le encuentra sentido. ¿Por qué nos deprimimos si en nuestra vida no hay carencias significativas?

Tienes un buen trabajo, seguridad económica, personas a las que quieres y te quieren. Cuentas con una familia maravillosa y amigos que siempre están ahí. Sin embargo, notas que hay algo que falla, algo que todo lo distorsiona y te obliga a preguntarte casi de manera continuada: por qué estoy triste si mi vida está bien…

No eres el único. La percepción de que uno debería ser feliz porque todo lo que le rodea es propicio, y aun así no lo consigue, es una experiencia común. Es una tremenda contradicción existencial mediada a menudo por una depresión latente. Sin embargo, las personas somos así, a todo le queremos encontrar sentido, a todo le buscamos una explicación objetiva.

Debemos asumir que los problemas de salud mental no siempre tienen un origen claro. De este modo, y en lo que se refiere a la depresión, es muy común que muchos de nosotros derivemos en ese abismo sin saber muy bien qué nos impulsó a llegar hasta allí.

Y cuando esto ocurre, nos sentimos enfadados con nosotros mismos por no ser felices cuando deberíamos serlo…



“La tristeza del alma puede matarte mucho más rápido que una bacteria”.

-John Steinbeck-

Razones de por qué estás triste si tu vida está bien

¿Por qué estoy triste si mi vida está bien? Si hacemos una búsqueda por Internet, descubriremos que esta es una cuestión que aparece con frecuencia en los foros o redes sociales. Las personas se preguntan aspectos como: “¿por qué me han diagnosticado depresión si no tengo razones para estar triste?”, “¿qué está mal en mí para que no sea capaz de apreciar las cosas buenas que me rodean?”.

Seguimos sin comprender la anatomía de los trastornos del estado de ánimo. Continuamos dando por sentado que la depresión es una forma de tristeza y, sobre todo, situamos sobre el ser humano la responsabilidad exclusiva de crearse su propio problema de salud mental.

“Si tienes ansiedad es porque eres demasiado intenso y no sabes tomarte la vida de otra manera”, “si sufres depresión es porque eres débil, flojo y no sabes apreciar lo bueno que te rodea”. Estos razonamientos son peligrosos y alimentan aún más la sensación de culpa de quien lidia con un trastorno psicológico. Debemos entender que la depresión es una condición en la que confluyen múltiples factores y no todos están bajo nuestro control.

Tenerlo todo no siempre es sinónimo de felicidad y bienestar

Uno puede tener el mejor trabajo del mundo y una pareja maravillosa, pero no ser feliz. Y sentirlo de este modo es lícito, pero hay que descubrir cuál es la variable que falla, el elemento que propicia el caos. Porque en ocasiones asumimos que determinadas dimensiones nos harán felices porque es lo “socialmente esperable”. Cuando en realidad, el auténtico bienestar puede partir de otros aspectos menos “normativos”.

Si llevas tiempo preguntándote por qué estoy triste si mi vida está bien, reflexiona si realmente llevas la vida que deseas o te falta algo. En ocasiones, factores como el estrés hacen que aun teniendo una familia y amigos valiosos, no podamos disfrutar de ellos. La falta de propósitos y metas a largo plazo también tienden a emborronar nuestro bienestar, aun teniéndolo todo.

Estar triste es una condición médica, no una elección

Nadie elige su depresión. Ninguna persona cae de manera voluntaria en un trastorno del estado de ánimo. Las depresiones son condiciones de origen multifactorial y no todas están bajo nuestro control. Aquellas que pueden influir son las siguientes:

  • Factores neurológicos. Trabajos de investigación como los realizados en el departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Mount Sinai, en Nueva York, inciden en variables neurobiológicas. Los genes son un elemento que debemos considerar.
  • La adversidad psicosocial en la infancia. Cuando me pregunto por qué estoy triste si mi vida está bien, debo echar mi mirada atrás y recordar cómo fue mi niñez. A veces, incluso teniendo un presente feliz, el peso de los traumas del pasado aumentan el riesgo de sufrir depresión.
  • El estrés mantenido en el tiempo. Puede que lo tengamos todo, es posible que dispongamos de una buena casa, de estabilidad económica, de una pareja a la que queremos… Ahora bien, pasar por situaciones de estrés durante varios meses seguidos es un factor de riesgo para la depresión.

La persona que se siente deprimida “sin motivo” cuando todo va bien en su vida puede ser más reacia a la hora de pedir ayuda. 

No te focalices en lo que te rodea, céntrate en lo que sientes

Cuando alguien tiene una buena vida, pero se siente triste, evidencia un doble sufrimiento. Se siente culpable. Desagradecido incluso. ¿Por qué estoy mal si mi pareja me quiere y tengo una buena familia? Esa contrariedad hace que se alargue mucho más el pedir ayuda profesional, mientras se navega entre la vergüenza, la frustración y la extrañeza.

Esperan que ese bache pase por sí solo, que sea solo una mala época. Sin embargo, la apatía, la desesperanza y los pensamientos negativos no desaparecen, se intensifican. Es importante solicitar ayuda cuando los pensamientos negativos y el malestar emocional se convierten en una constante. Porque más allá de lo que nos rodea, está lo que sentimos y esa es la dimensión más relevante.

Valeria Sabater.

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