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¿Por qué es bueno caminar para hacer la digestión?

Después de comer lo último que apetece es realizar alguna actividad pesada. Salvo que seas de esas personas que quieren bañarse nada más comerEs desaconsejable realizar ejercicio físico intenso o cambios bruscos sin que pase un tiempo determinado. Estos movimientos pueden poner en riesgo tu salud con cortes de digestión repentinos.

La solución para no apalancarse en el sofá después de una buena comilona es dar un paseo. «Lo recomendable es que cualquier actividad se realice de forma muy paulatina para que nuestro cuerpo se acostumbre poco a poco», ha dicho Diego Sánchez Muñoz, fundador de IDI-Instituto Digestivo, en una entrevista para Infosalus.

Algunas personas, después de comer, sienten un gran bajón. La nutricionista Jessica Gutiérrez ha explicado por qué después de comer uno solo quiere descansar. «Tras la digestión, se produce un pico de glucemia en sangre, que será más alto cuantos más hidratos de carbono hayamos ingerido. Asimismo, también sube la insulina, que se encargará de transformar esa energía», ha dicho.



Cuando las personas hacen la digestión, el riego sanguíneo se concentra en los órganos encargados de esa labor, pero eso no significa que las extremidades hayan perdido su fuerza. El cuerpo sabe repartir la sangre por las zonas que la necesitan. Es por ello que se pueden realizar actividades suaves.

Sánchez Muñoz ha defendido que el aparato digestivo es «muy sensible» a los cambios bruscos. Comer de forma regular, evitando los excesos, es lo mejor para la digestión porque «a veces un segundo de placer son muchas horas de lamento posterior».

Así que, la respuesta a la pregunta de si es bueno caminar después de comer, es sí. Según Gutiérrez, caminar después de comer hace que la digestión sea menos pesada, disminuye los niveles de glucosa y disminuye el almacenamiento de grasa. También puede ayudarte a tratar los síntomas del COVID persistente, la diabetes y la depresión.

Con el paso del tiempo, y tras crear una rutina, la necesidad de tirarte en el sofá (y quién sabe si de echarse también una siesta) desaparecerá.

Laura Priego

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