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Los ultimátums en las relaciones de pareja: esta es la causa

¿Tu pareja te amenaza continuamente con dejarte si no haces lo que él o ella quiere? Cuidado con los ultimátums en las relaciones. Son formas de manipulación y de control.

«Si no dejas de hablar por WhatsApp con esa persona, nuestra relación terminará». «Si no me acompañas este fin de semana, lo nuestro se acaba». «En caso de que sigas quedando con tus compañeros de trabajo, esta relación no tiene futuro». Los ultimátums en las relaciones de pareja son, en buena parte de los casos, un tipo de comunicación amenazante y punitiva.

Si lo pensamos bien, en nuestro día a día nos enfrentamos a situaciones similares. En el trabajo nos imponen una serie de exigencias que, en caso de no cumplir, suelen suponer el despido. Sucede lo mismo en el ámbito fiscal: si no pagamos una serie de impuestos, seremos sancionados. Podríamos decir que pocas cosas nos ocasionan tanto estrés y ansiedad como los ultimátums.

El hecho de estar compartiendo vida con alguien que aplica esta dinámica supone un claro boicot emocional. Y no solo eso. En buena parte de los casos, lo que pretenden es recortar derechos en nuestra relación de pareja. Quieren, por ejemplo, privarnos del derecho a socializar, a hacer un uso privado de nuestro móvil, o ser cómo deseemos y no como ellos esperan.

Cuando se veta la libertad del otro en el seno de una relación y aparece la amenaza, ese vínculo deja de ser saludable.

Las personas que carecen de inteligencia emocional y habilidades comunicativas son las que más recurren a las amenazas.



La amenaza como mecanismo de control

A nadie le agrada sentirse arrinconado. Sin embargo, esto es precisamente lo que consiguen (y buscan) los ultimátums en las relaciones de pareja: situar al otro en una situación de todo o nada. O estás conmigo o estás contra mí, o accedes a mis demandas o la relación se termina. El hecho de que nos posicionen en ese precipicio emocional y psicológico supone una clara forma de coacción.

Por otro lado, hay algo indudable. Quien nos plantea un ultimátum de este tipo, lo hará más veces. Esta práctica no es casual, sino que responde a un patrón de personalidad muy concreto. Por lo general, son personas con escasas competencias en inteligencia emocional y comunicativa que recurren a una demanda seguida de una amenaza.

Esta práctica describe dos de las dimensiones que John Gottman, psicólogo experto en relaciones de pareja, definió como los 4 jinetes del apocalipsis. Son procesos que casi siempre preceden a una ruptura y a la destrucción del vínculo afectivo.

El desprecio y la crítica son dos componentes que desembocan muchas veces en la formulación de una amenaza. Cuando a alguien no le gusta lo que hace el otro, procede en ocasiones a la invalidación y el desprecio. El último paso es la amenaza y ese arrinconamiento psicológico en el que se plantea una exigencia unidireccional y tajante.

¿Cómo son las personas que recurren a los ultimátums?

Los ultimátums en las relaciones de pareja son advertencias para que el otro actúe de manera específica. En caso de no hacerlo, esa relación -supuestamente- se romperá. Ahora bien, en la mayoría de las veces esto último no sucede, porque el nivel de dependencia existente respecto a la otra persona es muy elevado.

En su lugar, pueden optar por dejar de hablarle a la pareja (ley del hielo) durante unos días, por ejemplo. Pero rara vez se procede a una ruptura tras esa amenaza planteada.

¿Qué hay detrás de quién hace uso de este tipo de recurso?

  • Son personas con necesidades de ejercer el control sobre la pareja.
  • Cuando no se tienen habilidades para comunicar, para expresar lo que a uno no le agrada o incomoda, se recurre muchas veces a la amenaza.
  • Si a ello se le añade la incapacidad para manejar la frustración o la ira ante conductas que procesan como intolerantes en la relación, es común que se recurra al ultimátum.
  • Este recurso es propio en perfiles con un trastorno límite de la personalidadtrastorno narcisista o en aquellos que puntúan alto en neuroticismo.
  • La falta de confianza en la otra persona, así como los celos y la inseguridad personal derivan muchas veces en este tipo de prácticas.

Cuando los ultimátums se plantean a modo de amenaza, sin posibilidad de diálogo y están motivados por los celos, el resentimiento o la falta de confianza, generan un daño inmenso en la otra persona. 

¿Hay algún caso en que los ultimátums sean adecuados?

Un ultimátum no deja de ser una amenaza y, como nos indican en un estudio del Harvard Medical School, la comunicación amenazante genera ansiedad. Al fin y al cabo, cuando se hace uso de este recurso, lo que se expresa es que si la otra persona no emprende una acción específica, se enfrentará una consecuencia. Y algo así genera inquietud.

El problema de los ultimátums en las relaciones de pareja es que, por término medio, se usan en el contexto del maltrato psicológico. Cuando la otra persona no es, no hace o no responde como uno quiere y espera, se aplica esta comunicación agresiva. Ahora bien, la pregunta que nos hacemos ahora es la siguiente: ¿es esta estrategia algo que debemos evitar en absolutamente “todos” los casos?

Bien, lo cierto es que hay ocasiones muy puntuales en que nos podemos ver en la excepcional situación de plantearle un ultimátum a nuestra pareja. Sucede cuando, por ejemplo, aparecen conductas de alto riesgo como las adicciones. También, cuando en la relación aparecen dinámicas dañinas y nos vemos en la obligación de exigir un cambio tajante.

En esencia, los ultimátums son un recurso puntual cuando, en un contexto de desgaste relacional y de sufrimiento, le planteamos a la otra persona una última oportunidad antes de que sea demasiado tarde. Más allá de estas situaciones, no es permisible, carece de utilidad y genera un gran daño emocional.

Valeria Sabater.

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