La precariedad de los trabajadores en los festivales de música se extiende: los técnicos trabajan sin dormir y están «asustados» por lo que vendrá en octubre

Este verano estaba destinado a ser el del reencuentro con los festivales de música en España. Tras 2 años de restricciones que no habían permitido celebrar estos eventos con normalidad, por fin iban a poder tener lugar como antes del confinamiento.

En 2020 se propusieron medidas para paliar las pérdidas de los festivales de música como un fondo común para pagar las entradas o la reconversión de estos eventos para que se pudiese acudir a ellos en coche. Sin embargo, la mayoría de promotores optó por posponer sus festivales al año siguiente.

En 2021 se produjo una situación similar. Ya en marzo, el Primavera Sound, uno de los festivales de música más relevantes del panorama español, decidía cancelar su edición para ese año bajo el lema: «Bailaremos en 2022». Un mes más tarde, el festival vasco BBK se sumaba al catalán y cancelaba su edición de 2021. En mayo, el madrileño Mad Cool hacía lo propio.

De ese modo, 2022 iba a ser el año del reencuentro y, por el momento, lo está siendo. Aunque quizá no de la mejor forma posible. Como detallan algunos trabajadores del sector, la situación se asemeja a un «caos increíble».

Entre los indicadores de ese «caos» pueden encontrarse los accidentes o las cancelaciones que se están dando este verano. Un ejemplo sería el accidente ocurrido en junio, cuando, durante las labores de montaje del escenario del festival O Son do Camiño (Santiago de Compostela), se produjo un derrumbe que dejó 3 trabajadores ingresados en el hospital, uno de ellos en la UCI.

«No hay personal, no hay equipo de sonido, no hay material físico…»

Elena González, técnica de sonido que trabaja con bandas como Lori Meyers (una de las habituales en este tipo de eventos musicales), cuenta cuál es la realidad en la que se encuentra el sector.

«Ha habido una especie de boom exagerado en el que no hay personal, no hay equipo de sonido, no hay material físico, no hay transporte», relata. González apunta que está situación «está afectando en negativo al sector«.

«Hay un caos increíble», resume, y lo achaca a la pandemia, período en el que mucha gente «se tuvo que reinventar» y vio en los festivales de música una oportunidad de negocio. Esto hace que estos promotores noveles cuenten con menos presupuesto y contraten a gente «menos profesional».

A la falta de presupuesto por la escasez de financiación se ha sumado la escasez de material. La falta de elementos imprescindibles para la correcta realización de los festivales como los cables de sonido e iluminación o los pies de micrófono ha sido motivada, entre otras cosas, por la proliferación de eventos que ha habido este año.

Esto provoca que técnicas como González tengan que llegar al punto de trabajar con equipo antiguo porque del nuevo no hay unidades a la venta. Además, cuenta que otra de las implicaciones que ha tenido la burbuja de festivales es que «los escenarios son más chicos de lo normal«, lo que dificulta que el trabajo se realice correctamente.

«Tienes que adaptarte a situaciones más cutres«, apunta, refiriéndose a que la falta de espacio conlleva una pérdida de profesionalidad en las producciones que no se daba antes de la pandemia. Esta realidad repercute también en el personal, algo que «preocupa» a González, ya que «tanto artistas como gente de producción y equipo técnico, están saturados«.

«Los ves y piensas: no han dormido«, afirma González. «Están en situaciones muy extremas y eso provoca que luego haya fallos».

Otro técnico, en este caso de iluminación, coincide con las afirmaciones de González. Juan Manuel Correia indica a Business Insider España que la burbuja de festivales que ha habido este verano en España se sostiene gracias a que algunas promotoras están perdiendo dinero.

Dice que ha trabajado en eventos en los que «deberían entrar 30.000 personas y han entrado 10.000«, por lo que «no se han cubierto gastos para nada». Un panorama que le lleva a pensar en qué ocurrirá cuando se acabe el verano.



«Ahora mismo está todo el mundo contento, no hay nadie que piense en el convenio, piensa en otras cosas porque a todo el mundo le está entrando dinero y está feliz. El problema va a ser después», sintetiza el técnico de iluminación.

Correia asegura que el problema es que «hay muchas cosas que la gente ha ido haciendo mal a raíz de la pandemia«, ya que los promotores han pensado durante ese tiempo que querían ser «el próximo gran jefe de los eventos en España».

El técnico de iluminación afirma haber visto «cosas de una desorganización» que no ha «entendido nunca». «Desde falta de comida para el personal, bebida… con bebida me refiero a agua, nada de alcohol para el personal, agua», indica.

«Ni un festival sobreviviría a una inspección de Trabajo»

Los principales denunciantes del panorama están afrontando los técnicos que trabajan en la música en directo en España son los sindicatos del sector. Representantes de la Coordinadora Sindical de Trabajadoras y Trabajadores Músicos (CST Músicos) y la Sección de Músicas de CNT Madrid han hablado con Business Insider España para dar su versión de cuál es la situación.

Juanjo Castillo, portavoz de la Coordinadora, se muestra cauto al hablar en general de los festivales de música y diferencia a los que llevan varios años celebrándose de los que han surgido a raíz de la pandemia.

«Los festivales actuales son el resultado de un crecimiento de más de 20 años, construidos muchos de ellos sobre una sólida base empresarial», sostiene. «Otra cosa es lo que estamos viendo ahora, festivales que surgen a partir de una burbuja que ha sido principalmente impulsada por las instituciones«.

Castillo apuesta por que las administraciones públicas han visto en este tipo de eventos «un nicho donde promocionar como marca sus respectivas ciudades o comunidades autónomas». Sin embargo, no han tenido en cuenta las circunstancias que sí que consideran los profesionales del sector, asegura.

El portavoz de CST Músicos afirma que «ni un festival sobreviviría a una inspección de Trabajo«, ya que se dan circunstancias en las que no se dan de alta a los trabajadores. Esto supone una buena muestra, según Castillo, de «en qué marco se desarrollan estos espectáculos».

Otro representante de un sindicato del sector, en este caso Miguel Grimaldo, de la Sección de Músicas de CNT Madrid, valora la situación actual: «Es una burbuja muy grande basada en el sobreesfuerzo que realizan, principalmente los trabajadores, pero también algunas empresas que bajan los precios».

Grimaldo, a diferencia del representante de CST Músicos, cree que «esto viene de antes de la pandemia», pero reconoce que «después de esta, con todo el rollo de que ha habido mucho tiempo en el que no se podían hacer cosas, ya es todo un punto salvaje».

El representante de la Sección de Músicas sí que coincide con Castillo al indicar que parte del problema se cimienta en las subvenciones que reciben las promotoras por parte de los organismos públicos. Estas sirven de escudo para que los organizadores no pierdan dinero en caso de que los eventos terminen cancelándose.

«Cobran mucho dinero público. Así que, aunque pierdan alguna edición de un festival da igual porque es que estaba pagado ya», explica.

El representante de la Sección de Músicas de CNT Madrid aboga por una mejora en la regulación y un incremento en las inspecciones de Trabajo para paliar la situación que atraviesan los festivales de música en España.

«Habría que pedir más inspecciones y sobre todo conseguir que el estatuto del artista funcione, incluyendo a trabajadores por cuenta ajena, que parece que todo está encaminado a que la gente se haga autónoma», reclama.

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