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La distancia compasiva como clave de bienestar

Si queremos ayudar a una persona que sufre, es necesario salvaguardar nuestro equilibrio emocional para ser el mejor apoyo para el otro. La distancia compasiva es uno de los recursos que necesitaremos utilizar para lograrlo.

La distancia compasiva tiene que ver con situarnos en un espacio psicológico de protección, donde será más difícil que quedemos impregnados por las emociones de los demás. Implica brindar apoyo desde la comprensión y la empatía, pero sin quedar inundados por la tristeza, la angustia o los enfados ajenos. Esa separación necesaria y saludable es algo que no todos sabemos aplicar o desarrollar.

La mayoría hemos oído hablar alguna vez del síndrome del desgaste por empatía o compasión. Consiste en esa forma de agotamiento físico, mental y emocional que se origina al instalarnos en los “zapatos” ajenos. Conectar con las realidades traumáticas o complicadas de los demás siempre deja un rastro, un residuo emocional que se aloja en nuestro interior.

Profesionales, como médicos, enfermeras, psicólogos o trabajadores sociales viven en primera persona este tipo de desgaste cada día. Y sucede básicamente porque somos humanos. Porque es casi inevitable no identificarse con el sufrimiento de los demás, hasta el punto de sentirlo como propio. De este modo, cuando esta dinámica se convierte en una constante, las secuelas pueden ser serias.



Pocas ideas son más importantes que saber separar las cargas propias y ajenas. Porque solo cuando logramos poner una distancia adecuada de quien sufre, es posible dar lo mejor de nosotros mismos para servir de ayuda.

“El amor y la compasión son necesidades, no lujos. La humanidad no puede sobrevivir sin ello”.

-Dalai Lama-

¿En qué consiste la distancia compasiva?

Puede que en un momento dado veamos a un animal sufriendo. En esa circunstancia, muchos se quedan tan afectados que sufren un bloqueo: no saben qué hacer. El dolor emocional es tan intenso que cuesta reaccionar. Puede suceder lo mismo con un amigo al que le diagnostican una enfermedad o un familiar que pasa por un mal momento.

La capacidad de empatizar con el dolor físico y emocional de los demás es un proceso que en ocasiones apaga nuestros recursos y mecanismos de acción. Experimentar esta realidad psicológica no es útil. Es más, trabajos de investigación como los realizados por el doctor Paul Gilbert del departamento de salud mental del Kingsway Hospital de Derby nos indica algo importante.

La compasión aparece en el ser humano como una ventaja evolutiva orientada a un único fin: servir de ayuda a los demás. Por tanto, quedar bloqueados por esa inundación emocional va en contra de ese principio fundamental. Es ahí donde debe actuar la distancia compasiva.

Comprender sin ser parte del drama

La distancia compasiva es un recurso que actúa como compensación de la empatía, al permitirnos poner un filtro frente a la inundación emocional. Es situarnos en un espacio de protección desde el que comprender la realidad mental de la otra persona, pero sin quedar presos de ese sufrimiento ajeno.

Es relevante señalar que esta distancia psicológica no significa ser fríos ni excluir nuestros sentimientos. Cuando alguien está atrapado en su malestar o en su drama personal, habita en un agujero negro en el que es muy fácil que caigamos también. Sobre todo, si esa persona es alguien cercano.

La empatía es compasión en acción, y algo así solo es posible cuando aplicamos una pequeña distancia. Solo desde esa situación, un poco más lejana, podremos lograr la suficiente claridad mental como para ser útiles. Lo importante es eludir esa sobredosis emocional que apaga recursos y nos sitúa al mismo nivel que quien sufre ante nosotros.

Distancia compasiva es ponernos en el lugar del otro sin instalarnos en su dolor

Uno puede ponerse en los zapatos de su amigo o su pareja que sufre, pero luego debe volver a los suyos. No es bueno quedarnos con el calzado que no es nuestro, porque llevaremos esas suelas agujereadas en nuestro día a día. Las consecuencias pueden ser muy desgastantes. Son las siguientes:

  • Reexperimentar de manera continuada el drama de la otra persona. Recordamos el sufrimiento ajeno a modo de flashes, como una forma de estrés postraumático.
  • Aparece la fatiga por compasión.
  • Es común sentir embotamiento emocional. Casi sin darnos cuenta empezamos a sentirnos más irritables, malhumorados y tristes.
  • Aparece también el agotamiento físico.
  • Nos cuesta tomar decisiones y pensar con claridad.
  • A esto se le añade otro factor: sentir que no estamos siendo de ayuda para esa persona que pasa por un mal momento.

Claves para aplicar el distanciamiento emocional y compasivo

Al escuchar la palabra compasión, es frecuente evocar cualidades como la amabilidad, la piedad o la lástima. Asumir esta visión de dicho término es un error: la compasión requiere fuerza, determinación y ​​coraje para actuar en beneficio del otro y ser de ayuda auténtica.

La clave está en conectarse con las emociones ajenas sin quedar abrumados. Veamos qué maniobra mental deberíamos hacer para lograrlo.

1. Un viaje empático de ida y vuelta: tu dolor no es mi dolor, pero lo comprendo

Visualicemos esa imagen: un viaje de ida y vuelta. La distancia compasiva es trasladarnos al universo emocional del otro para volver después al nuestro.

Para ello, es bueno repetirnos un sencillo mantra: tu dolor no es mi dolor, pero lo comprendo y también lo siento… Pero no me bloquea.

2. Tu obligación no es salvar al que sufre, es acompañar

La distancia compasiva nos recuerda que no es tarea nuestra cargar con el dolor del otro ni ser sus salvadores. Aunque quisiéramos, no podemos resolver problemas que no son nuestros. No podemos hacer la tarea del otro.

Sin embargo, lo que sí está en nuestra mano es acompañar, estar cerca, ser refugio cotidiano y un apoyo sincero.

3. Aplica límites emocionales

Los límites emocionales nos permiten situar banderas rojas que los demás no deben sobrepasar. Por ejemplo, nuestra disponibilidad emocional no es ilimitada, no podemos estar 24/7 para los demás.

Debemos tener tiempo para nosotros y tenemos pleno derecho a decir “no” cuando no nos veamos con ánimo para escuchar a esa persona que atraviesa por un mal momento.

4. Recarga emociones positivas tras servir de apoyo a los demás

La distancia compasiva surtirá efecto siempre que mantengamos en un nivel óptimo nuestras emociones de valencia positiva. Algo así requiere “repostar” nuestra mente de vivencias y momentos significativos. Regalarnos tiempo de calidad, disfrutar del ocio y atender nuestras necesidades es clave.

Asimismo, otra estrategia idónea es darnos un pequeño descanso cuando acabamos de prestar nuestro apoyo a alguien que pasa por un mal momento. Hacerlo no es un acto de egoísmo, sino cuidarnos.

Valeria Sabater.

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