Inicio>blog>Relaciones>La diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado”, según la ciencia

La diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado”, según la ciencia

¿Te ha costado alguna vez saber si lo que sentías por alguien era mera atracción o si de verdad estabas enamorado? Este es un fenómeno común. Te explicamos cómo clarificar tus sentimientos.

¿Cuál es la diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado”? Para la gran mayoría será una obviedad. En cambio, para otros es una cuestión de gran trascendencia. En ocasiones no resulta fácil clarificar si lo que sentimos es mera atracción  y deseo o si hay unos sentimientos más profundos.

Para algunas personas, parecen existir muchas áreas grises cuando se intentan desmenuzar los sentimientos afectivos. No siempre es fácil dilucidar si lo que se siente por otro es lo bastante significativo como para lanzarse a una relación seria. ¿Valdrá la pena? ¿Debo dar el paso o quizá este sentimiento se difumine en unas semanas?

Así, cuando empezamos a quedar con alguien que nos atrae siempre es más fácil decir aquello de “me gustas”. Es más inocuo, diluido casi y facilita esa conexión cotidiana que acompaña el simple flirteo. Sin embargo, un “te quiero” moviliza emociones mucho más profundas a la vez que trascendentes.

Ahora bien… ¿Qué pasa cuando la cosa no está clara del todo? ¿Cómo podemos clarificarlo?



El amor es una emoción más profunda, permanente e incondicional; mientras que cuando solo nos gusta alguien, es un sentimiento más superficial y sobre todo, fugaz.

“Me gusta” y “estar enamorado”: ¿en qué se diferencian?

“La verdad es que aún no tengo claro qué es lo que siento por ti. Solo sé que me gustas”. Puede que en algún momento de nuestra vida alguien nos haya dicho esta misma frase o quizá la hayamos pronunciado nosotros mismos. Es la duda que a uno le puede asaltar cuando se es muy joven y el amor está hecho aún de múltiples inseguridades y hasta de claroscuros.

Gustar, atraer, querer… ¿Es que no significan lo mismo estos términos? ¿No es el enamoramiento una conjunción de todas esas dimensiones? Lo cierto es que sí. El amor se compone de muchos procesos: deseo, atracción sexual, complicidad, anhelo de compartir tiempo, vida, acuerdos, compromisos… Sin embargo, se puede también sentir deseo sexual y no amar.

Tarde o temprano, se aprende a comprender la diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado”, pero para entenderla de manera clara, nada mejor que descubrir qué nos dice la ciencia.

El amor está en la mirada

Para diferenciar el afecto sincero del deseo sexual, los científicos recomiendan atender cómo nos miran o cómo miramos al otro. Podríamos decir aquello de que la mirada es el reflejo del alma, pero en realidad lo es más bien de las intenciones, las necesidades y el universo emocional. Ese tipo de lenguaje no verbal no miente y es muy revelador en estos casos.

Según un trabajo de investigación de la Universidad de Ginebra, la mirada de una persona cambia en función de si su objetivo es el amor o es solo deseo sexual. En este último, el deseo se acompaña de fantasías sexuales. Es un proceso más cognitivo e instintivo, es decir, el deseo se acompaña de ideas y pensamientos eróticos.

Sin embargo, los ojos que miran al otro a través del filtro del enamoramiento lo hacen de manera más tierna y hay un componente más emocional. Esto no quita que exista también el deseo sexual, sin embargo, prima un sentimiento más cálido y profundo orientado a la vinculación y no tanto al sexo como tal.

El estudio también reveló que cuando sentimos la necesidad de mirar el rostro del otro, de buscar su contacto visual y no fijarnos tanto en el cuerpo, está presente el componente romántico y el enamoramiento.

La diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado”: necesito estar contigo

Decía Voltaire que el amor es la más fuerte de las pasiones y que ese sentimiento atacaba a la mente, al cuerpo y al corazón. De algún modo, es esa la clave: una profundidad emocional que se acompaña de la necesidad constante de cercanía. Uno no puede vivir sin la otra persona (aunque en realidad sí pueda).

Nos es imposible estar un día sin saber de él o ella. Esa persona ocupa casi cualquier espacio de nuestra mente, pensamiento, deseo y obsesiones. No olvidemos ese componente adictivo que tiene el amor. La dopamina, la oxitocina y la adrenalina son esos neuroquímicos que nos inyectan una sensación de euforia y de necesidad de cercanía que orquesta el enamoramiento.

Sin embargo, el amor trasciende al deseo para trazar un nudo más profundo y comprometido. Por ello, la diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado” está en la necesidad auténtica e incondicional de compromiso y vinculación. No obstante, también podríamos detallar otras dimensiones:

  • Cuando nos gusta alguien lo pasamos bien con esa persona, pero no hay una “necesidad” constante de estar con ella.
  • Amar implica preocupación diaria por el otro, deseo de cuidarlo, de saber de sus pensamientos, de sus sueños y forma de ser.
  • Alguien que nos gusta puede generarnos deseo y mariposas en el estómago, pero no siempre existe el sentimiento profundo de que ese hombre o esa mujer se convierta en alguien integral de nuestra vida.

Los prismas del amor

Amar, enamorarse, desear, gustar, querer, atraer, necesitar… El afecto tiene muchos prismas, muchas caras que a veces pueden confundirse. Y lo que es peor, en nuestra confusión podemos hacer daño a otros. No siempre resulta sencillo comprender la diferencia entre “me gusta” y “estar enamorado”, por ello, en ocasiones, cometemos errores e iniciamos relaciones que acaban pronto en fracaso.

El amor también requiere de un meticuloso aprendizaje. Nadie llega al mundo sabiéndolo todo de la que es quizá, la materia más compleja en el ser humano. No obstante, admitámoslo, tal aventura suele merecer la pena.

Valeria Sabater.

Deja una respuesta