Inclusión forzada: ¿supone de verdad un problema?

Buena parte de los responsables de las producciones destinadas a la pequeña y gran pantalla están demostrando su compromiso por ampliar el angular del foco a la hora de dar forma a los personajes. Sin embargo, esta voluntad no siempre se materializa de una manera acertada…

Entendemos la inclusión forzada como la obligación de representar, en diversos medios artísticos y culturales, a la diversidad social de nuestra población. Es decir, a las personas que tengan un color de piel, una identidad sexual o necesidades distintas a las normativas. De este modo, dicho fenómeno se interpreta en el mundo del cine y la televisión como la tergiversación de las características de personajes conocidos para incorporar narrativas diversas. Aunque ello, en ocasiones, no se ajuste a realidades lógicas ni históricas, como representar a una Ana Bolena con la piel negra.

Estamos ante una realidad que empezó hace unos pocos años y que ahora está presente en buena parte de los contenidos que consumimos. La factoría Disney, por ejemplo, así como Netflix, tienen unas cláusulas muy específicas que demandan la aparición en escenas de personajes cada vez más distintos.

Ahí tenemos películas tan exitosas como Coco o Encanto, o series como Atípico, The good doctor o los Bridgerton.  Ahora bien, ¿es esto realmente un problema?

Es cierto que ahora mismo se exigen unos estándares de inclusión y de diversidad racial. Sin embargo, ¿qué ocurriría si no diésemos presencia a este conjunto de personas en espacios tradicionalmente ocupados por personajes blancos, normotípicos y heterosexuales? Lo analizamos.

La inclusión forzada es un término que suelen usar aquellas personas molestas por los intentos del mundo del cine y la televisión por mostrar otro tipo de personajes, hasta no hace mucho, silenciados. 

Inclusión forzada: pros y contras

El término de “inclusión forzada” lo usan, tradicionalmente, quienes se sienten molestos por el cambio en las narrativas argumentales de los medios audiovisuales. Si hay algo que estamos viendo, por ejemplo, es cómo las mujeres están ganando más terreno en el mundo del cine. Los roles han cambiado, las chicas ya no necesitan ser salvadas.

Los actores o personajes negros, latinoamericanos o asiáticos están cada vez más presentes delante y detrás de la cámara. Lo mismo sucede con la diversidad sexual. Loki es, por ejemplo, el primer personaje de Marvel que se muestra abiertamente bisexual. Y ahí tenemos el controvertido estreno de Lightyear, vetado ya en 14 países, pero mostrando el primer beso entre dos personas del mismo sexo.

Hay quien ve esto como simples estrategias de marketing. También, como ese ideario político, algo “woke” (mentalidad progresista que busca combatir toda injusticia, real o no), que tanto impera en los últimos años. Sea como sea, hay algo evidente. Dar visibilidad es ofrecer reconocimiento a quien hasta hace poco no tenía presencia en la esfera pública.

Y esto, sin duda, es altamente necesario.

La inclusión como estrategia para acabar con la discriminación

La Iniciativa de Inclusión Annenberg es una fundación estadounidense que analiza anualmente los procesos de inclusión en las películas más taquilleras. Estos análisis llevan haciéndose desde el 2007. Bien, en el último informe ha podido verse que el 41 % de los protagonistas principales o coprotagonistas en 2021 fueron mujeres.

El 32 % eran de una raza o etnia históricamente excluida. Ahora bien, a pesar de que estos datos son buenos, hay áreas en las que no avanzamos. A partir de los 45 años es poco probable que una mujer logre un papel protagonista si no tienen una larga y conocida carrera (como Meryl Streep o Frances Mcdormand…). Las mujeres negras, por su parte, aún lo tienen más difícil.

Es decir, aunque estamos logrando grandes avances, aún hay colectivos que quedan descolgados de esa representatividad. No estamos, por tanto, ante un fenómeno de inclusión forzada, sino de inclusión necesaria para ofrecer voz y presencia a quienes no solemos ver en la gran y pequeña pantalla.

Hasta no hace mucho las grandes productoras se orillaban hacia una tendencia muy concreta: elegir protagonistas caucásicos, jóvenes y heterosexuales. Las minorías aparecían solo como fenómeno prototípico (latinos que venden droga, comunidad negra socialmente desfavorecida, etc). Afortunadamente, esto está cambiando

La inclusión forzada o cuando la diversidad está mal representada

La inclusión forzada se utiliza de manera despectiva para criticar ese intento por representar al conjunto de la diversidad social. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos a un hecho innegable. En ocasiones, en la materialización de ese deseo de inclusión se cometen errores.

Ejemplo de ello fue ver a la actriz negra Jodie Turner-Smith representando el papel de Ana Bolena. El fenómeno de la inclusión forzada sí es real cuando se tergiversan hechos históricos por el mero deseo de meter con calzador la diversidad racial. No es lo correcto.

Otro ejemplo de ello fue la oscarizada película Green Book (2018). Muchos actores negros se sintieron ofendidos con esta producción. En ella, veíamos nuevamente a un protagonista blanco actuando de salvador del hombre negro. Era la clásica feel-good movie moralizante, pero que, en realidad, erraba en su propósito inclusivo.

El tokenismo, un fenómeno que debemos reformular

Entendemos el tokenismo como ese falso intento por favorecer la inclusión por colectivos discriminados, logrando estereotiparlos aún másGreen book es un ejemplo de ello. Como lo es también encasillar a los actores latinoamericanos en papeles vinculados al narcotráfico.

El tokenismo es lo que trae a menudo la inclusión forzada, esa que no se medita y que se aplica por simple cuota a la diversidad racial o sexual. Dar voz y presencia a los distintos colectivos de nuestra sociedad, implica crear personajes profundos y no meramente estereotipados.

Muchas veces vemos películas donde los personajes y sus narrativas están tan forzadas y son tan estereotípicas que poco favor hacen a la aceptación social de esta diversidad. No queremos “personajes accesorios”, como ese protagonista blanco que tiene amigos negros u homosexuales.

La inclusión va mucho más allá de esta imagen; es representar a los distintos colectivos con roles o papeles que no sean planos, secundarios, extremadamente vulnerables o poco adaptados.

Esa es la clave.

Valeria Sabater.

Deja una respuesta