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Esto es lo que tiene que durar un abrazo para que sea perfecto y placentero, según la ciencia

Seguro que lo has sentido durante las celebraciones de Nochevieja 2021 y Año Nuevo 2022: los abrazos que te diste con familiares, pareja, amigos… te dieron un subidón de energía positiva.

Este buen rollo que transmiten los abrazos no se debe solo a la necesidad de conexión después de tantos confinamientos y aislamiento social. La ciencia ya ha demostrado con creces los beneficios de un buen abrazo: alivia el dolor, relaja tensiones, dispersa el estrés, aleja la sensación de soledad

Ahora bien, no todos los abrazos son igual de efectivos. Seguro que has notado que, en algunas ocasiones, hay abrazos que no logran hacerte sentir nada mientras que otros te resultan más placenteros.

¿Cómo debe ser entonces el abrazo perfecto? ¿Y cuántos segundos debe durar, más o menos?

Estas son las preguntas a las que quiso dar respuesta un pequeño grupo de investigadores de la Universidad de Londres. Después de analizar diversos abrazos, publicaron sus resultados en el diario científico Acta Psychologica. A continuación tienes las conclusiones (a través de Phys). Seguro que te ayudan a dar (y recibir) abrazos más placenteros.



¿Qué tipos de abrazos son más placenteros que otros?

El estudio, que se realizó en la Universidad de Londres, realizó 2 experimentos. El primero de los tests tuvo la participación de 48 voluntarias, todas ellas estudiantes, que no se conocían entre ellas. En un laboratorio, y dentro de un entorno clínico, se les pidió que abrazaran, con los ojos vendados, a una de las investigadoras.

Debido a que las universitarias no podían ver, era la investigadora la que controlaba el tipo de abrazo (por ejemplo, un abrazo por la cintura) así como su duración (largo, corto…). Al terminar, se le pidió a cada voluntaria que puntuara el nivel de placer que sintieron al ser abrazadas.

Cuando analizaron los datos, los investigadores descubrieron que el tipo de abrazo no afectaba el grado de placer. La clave se encontraba en la duración: las voluntarias prefieren los abrazos largos, concretamente de entre 5 y 10 segundos de duración. Los abrazos cortos no les producían mucha satisfacción.

Mientras tanto, el segundo experimento se realizó en un entorno más abierto. Los investigadores recorrieron el campus de la Universidad de Londres y, cuando encontraban a parejas, les pedían que se abrazaran entre ellos. Se realizó un centenar de abrazos, entre parejas del mismo género o de sexo diferente.

En este caso, los investigadores no pidieron a los voluntarios improvisados que se abrazaran de forma específica, pero si anotaron el tipo de abrazo y, al final del mismo, pedían a la pareja que anotara el grado de placer sentido.

De nuevo, el tipo de abrazo importaba muy poco mientras que la duración determinaba el grado de placer. Una vez más, los abrazos largos resultaron más placenteros que los cortos.

Otros estudios del pasado complementan la información obtenida en los experimentos de la Universidad de Londres. El Advanced Telecommunications Research Institute International de Japón descubrió que los adultos necesitan 4 abrazos diarios mientras que la entidad Free Hugs concluyó que los más pequeños necesitan al menos 12 abrazos diarios.

Ahora ya lo sabes. Si quieres ayudar a tus personas queridas a sentirse mejor, realiza abrazos largos, de 5-10 segundos. Por contra, evita los abrazos cortos porque dejarás a tus amigos, parejas y familiares con ganas de más.

¿Y por qué los pequeños necesitan más abrazos que los adultos? La clave se esconde en el factor protector de un buen abrazo.

La necesidad de abrazar y sentirse abrazado

El placer que siente el ser humano al abrazar o sentirte abrazado tiene raíces biológicas. Según explica Susannah Walker, profesora de neurociencia y del comportamiento de la Universidad John Moores de Liverpool, como los bebés humanos son los mamíferos que más tardan en aprender a caminar y ser independientes, agradecen los abrazos protectores o que evitan caídas.

El factor de seguridad que ofrece un abrazo durante la infancia provoca que los niños nazcan predispuestos biológicamente a buscar contacto físico para sobrevivir y también para desarrollar los vínculos afectivos que, a largo plazo, consolidan el sentirse parte de una sociedad.

Tal y como explica Rac1, el ser humano aprende a abrazar porque el cuerpo recompensa liberando oxitocina (hormona del amor), dopamina (del placer) y endorfinas (las de la felicidad). Este placer se mantiene al crecer, y de ahí que los abrazos voluntarios acaben resultando tan beneficiosos: este conjunto de hormonas no solo transmiten positividad, sino que aligeran dolor y liberan estrés.

Daniel Cáceres

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