Cuando nos da pánico abrir el corazón para dejar entrar a los demás

¿Tienes miedo a la intimidad? ¿Entras en pánico cuando conoces a alguien «de verdad» y tienes que abrir un poco tu corazón? Analizamos las posibles causas y te damos algunas ideas para hacer frente a este miedo.

Conoces a alguien que te gusta o que te resulta interesante. Quedáis para tomar algo y otro día para cenar… Y, de repente, surge un momento un poco más íntimo. Y tú entras en pánico. ¿Qué te está ocurriendo? Puede que estés experimentando miedo a la intimidad.

Este miedo puede dificultar que establezcas vínculos afectivos profundos con las personas que te gustan, las que quieres en tu vida o, simplemente, las que quieres conocer mejor. Esto afecta al ámbito amistoso, amoroso y de pareja y también familiar.

Descubre qué puede haber tras este miedo que no permite que nadie entre en tu vida más íntima y cómo enfrentarlo, para que poco a poco desaparezca y puedas disfrutar de una vida afectiva positiva para ti.

Intimidad en las relaciones: ¿qué es?

¿Qué es realmente la intimidad? Según la RAE, hablamos de la “zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”. Es un concepto que está muy ligado al ámbito amoroso y a las relaciones de pareja, pero que puede extrapolarse prácticamente a cualquier ámbito de las relaciones personales.

Cuando intimamos, creamos un espacio común de cariño, afecto, confianza y proximidad con el otro.

Intimar también significa ponernos en contacto con los sentimientos de otra persona, acercarnos al otro y abrirnos emocionalmente. 



“Tal vez no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente se niegan a apartarse”.

-Jostein Gaarder-

Ingredientes para generar intimidad con los demás

Para generar intimidad con los demás es importante favorecer un entorno familiar y agradable, ser capaces de abrirnos al otro, confiar, soltar miedos y tener la valentía de ser nosotros mismos.

Sin embargo, esto no siempre es fácil de conseguir. Hay personas a las que les cuesta una auténtica barbaridad intimar con los demás. Pero, ¿por qué sucede y cómo empezar a dejar entrar a los demás en nuestra vida?

Miedo a la intimidad: ¿por qué sucede?

El miedo a la intimidad es más común de lo que creemos; se trata del miedo a generar ese espacio común con el otro y soltar durante unos instantes nuestra individualidad.

Y en ese “suelto mi individualidad” y “me abro a compartir una parte de mí”, aparecen miedos asociados. ¿A qué es debido todo esto? ¿Por qué nos da tanto miedo intimar?

Miedos tras el miedo a la intimidad

Algunas de las causas más habituales son (precisamente, más miedos):

  • Miedo a perder el control de nuestra propia independencia (o a perder dicha independencia).
  • Miedo al rechazo o al abandono.
  • Miedo a que nos hagan daño (a que nos mientan, nos utilicen, se aprovechen de nosotros…).
  • Miedo a exponernos (a que “descubran” nuestras debilidades).
  • Miedo al compromiso.
  • Miedo a enamorarse.

Miedos, miedos, miedos… Como vemos, tras un miedo mayor, que es el de la intimidad, se esconden muchos otros miedos, que pueden llegar a paralizarnos y a interferir en lo que deseamos realmente (por ejemplo, crear vínculos de calidad con los demás, abrirnos, etc.).

Baja autoestima

Por otro lado, es importante decir que muchos de estos miedos, a su vez, se alimentan de una baja autoestima o de una vocecita interna que nos dice que no merecemos enamorarnos. En definitiva: un diálogo interno negativo en forma de autoboicot. Por supuesto, todo esto es muy inconsciente, pero está ahí.

Un apego inseguro

Si a todos estos factores le sumamos también un estilo de apego inseguro (ya sea evitativo, ambivalente/ansioso o desorganizado), entonces tenemos el caldo de cultivo apropiado para terminar desarrollando miedo a la intimidad, al contacto con el otro, a abrirnos emocionalmente… Porque de pequeños “entendimos” que, al abrirnos, nos podían dañar; o que al abrirnos, nuestras necesidades emocionales no serían atendidas.

Recordemos que el apego en la infancia influye en gran medida en nuestra forma de vincularnos emocionalmente con los demás cuando somos adultos. Si ese apego no es seguro, no nos sentiremos seguros para desarrollar vínculos sanos y fuertes, a través de espacios como la intimidad.

¿Cómo afrontar el miedo a la intimidad?

¿Se puede superar el miedo a la intimidad? ¿Qué nos puede ayudar? Te damos 4 claves para empezar a afrontar esta situación:

1. Comienza un proceso de introspección

Si quieres saber qué te está ocurriendo y si realmente lo que te está paralizando es el miedo a la intimidad, quizás sea hora de mirar dentro de ti y preguntarte: ¿qué me está pasando? ¿Cómo me siento? ¿Realmente tengo miedo? ¿A qué?

Este proceso de introspección te ayudará a empezar a ubicar tus miedos y tus emociones. El segundo paso será exponerte y ver qué emociones surgen cuando alguien se acerca más de lo habitual a tu terreno más íntimo.

2. Exponte de manera progresiva

Para descubrir qué hay tras estos miedos, es importante que te expongas a esa intimidad, aunque sea de forma muy progresiva (y nunca de forma forzada). Puedes empezar por pasos “pequeños”, como pedirle el número a alguien que te gusta, invitarle a tomar algo o contar algo de ti un poco íntimo.

Puedes incluso hacerte una lista personal con esos pasos, y cada vez que superes uno, lo vas marcando.

3. Acude a terapia

Sin embargo, aunque las recomendaciones previas te pueden servir, lo cierto es que la psicoterapia es la mejor forma de conocernos y descubrir por qué somos como somos, qué nos ocurre y, sobre todo, qué necesitamos emocionalmente.

Un terapeuta puede acompañarte en este proceso de introspección que iniciaste, a ir a la raíz del conflicto. Te ayudará a averiguar cuáles son las causas de este miedo a la intimidad y qué acciones o herramientas pueden ayudarte a reconocer ese miedo para darle espacio y afrontarlo.

4. Afronta ese miedo: escucha su mensaje

Quizás de manera paradójica, el miedo necesita espacio para irse. Se trata de no huir de él, de evitar la tentación de encapsularlo e intentar mandarlo al último rincón de nuestra mente; en cambio, escucha qué te está queriendo decir.

¿Tal vez que hay alguna herida del pasado que aún no está del todo cerrada? ¿Alguna situación que te marcó, como un rechazo, y que no superas, o falta de seguridad en ti mismo?

Sea el factor que sea el que explique estos miedos, es importante escuchar los mensajes emocionales que proceden de tu interior cuando empiezas a intimar con alguien. Estos tendrán un significado en el marco de tu vida, y de manera más concreta, en el de la propia relación.

Mereces vincularte de forma sana

Recuerda que mereces disfrutar de relaciones sanas e íntimas, pero para ello quizás tengas que escuchar al niño interior que hay dentro de ti. Tal vez sea terapia psicológica, analizar tu pasado o entender tu presente, empezar a exponerte, a buscar razones para confiar en los demás, a abrir tu corazón y a darles la oportunidad a las personas que valen la pena y que quieren compartir un bonito vínculo contigo.

Eso sí, ¡solo puedes averiguarlo tú! Date la oportunidad y verás como poco a poco puedes disfrutar de estos momentos de intimidad con quien tú sientas que puedes ser tú mismo. Te lo mereces. Y recuerda que:

“Nunca pierdes al amar, siempre pierdes al reprimirte”.

-Bárbara de Angelis-

Laura Ruiz Mitjana.

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