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7 claves para emanciparse emocionalmente de los padres

La importancia de emanciparse emocionalmente de los padres estriba en que solo de esta manera se logra construir una verdadera autonomía personal. Si no se logra, el pasado se convierte en un fardo que obstaculiza los avances.

Emanciparse emocionalmente de los padres no es una tarea fácil, en especial cuando la relación ha sido conflictiva o está marcada por eventos traumáticos. Sin embargo, conseguir esa liberación es una de las condiciones indispensables para ser unos adultos sanos.

Por extraño que parezca, muchas veces los vínculos insanos son más fuertes que otros. Los problemas o traumas no resueltos pesan más en la vida que las experiencias felices. Por eso, en muchas ocasiones, emanciparse emocionalmente de los padres significa también abordar experiencias dolorosas y sanarlas.

Esto vale la pena. Una persona que no logra emanciparse emocionalmente de los padres carga con el pasado como si fuera un lastre. Por más que tome distancia física o no piense nunca en ellos, es muy complicado que logre sentirse en paz. Pero, ¿cómo liberarse de esas ataduras? Las siguientes son siete claves para lograrlo.

Nunca es tarde para tener una infancia feliz”.

-Milton Erickson-

1. Dejar de culparlos

Volverse adulto tiene que ver con asumir la responsabilidad sobre la propia vida. Esto incluye sentimientos, emociones y decisiones. Cuando uno ha tenido muchos problemas con los padres, existe la tentación de culparles a ellos por todos los errores de uno.

Es cierto que la crianza determina buena parte de lo que somos. Sin embargo, también es cierto que hay un punto en el que cada uno de nosotros está en capacidad de hacerse cargo de lo que es y lo que hace. Esto incluye reparar vacíos, resolver traumas, corregir errores, etc. Así se garantiza una verdadera independencia emocional.

2. Aceptarlos

Muy pocas personas en el mundo pueden decir que tuvieron los padres perfectos. La mayoría de los padres buscan lo mejor para sus hijos, pero no siempre son hábiles a la hora de identificarlo. Tampoco todos están listos para ejercer ese papel de guía y ejemplo.

Lo cierto es que emanciparse emocionalmente de los padres supone la capacidad para aceptarles tal y como son, y tal y como fueron. No importa cuánto se reniegue, eso no va a cambiarlos. Resulta mucho más inteligente y liberador tratar de entenderlos y aceptarlos, rescatando lo mejor de ellos.



3. Amarlos, sin importar si ellos nos aman

Todos los amores son imperfectos y el de los padres hacia sus hijos también lo es. A veces, ni siquiera logran amarlos de verdad porque sus limitaciones emocionales se lo impiden. Allí no hay maldad como tal, sino dificultades humanas que ellos no lograron resolver.

Amar es una forma de emanciparse emocionalmente de los padres. Ese amor no tiene que ser intenso, pero sí real. Lo adecuado es que esté compuesto por respeto, consideración y buenos deseos hacia ellos. Es un camino para que su presencia no siga gravitando en nuestras vidas.

4. No sentirse responsable de su felicidad

En muchos casos, los hijos no logran emanciparse emocionalmente de los padres porque experimentan muchos sentimientos de culpa en torno a ellos. Los comprenden, reconocen sus limitaciones, los aman y por eso quisieran darles la felicidad que ellos no han conseguido por sí mismos.

El afecto hacia los padres se expresa buscando que ellos estén bien. Pero de ahí a sentirse responsables por su felicidad, hay un gran trecho. Cada persona es responsable de su propio bienestar y los padres no son la excepción. Como todos los seres humanos, ellos no lograrán ser felices del todo y nadie tiene la culpa de esto.

5. Ser empáticos

Intentar ponerse en el lugar de los padres es un ejercicio muy liberador. Incrementa la comprensión hacia lo que hicieron o dejaron de hacer. Permite profundizar en sus motivaciones y en los obstáculos que han tenido, no solo como progenitores, sino también como individuos.

Ser empáticos es otra forma de emanciparse emocionalmente de los padres. Y no solo eso: también ayuda a ampliar nuestra propia perspectiva. Es una forma de ver las situaciones desde otro punto de vista y esto enriquece la comprensión de nosotros mismos.

6. Cultivar la gratitud

Siempre hay mucho que agradecerles a los padres, pese a los errores que hayan cometido. La vida misma es un regalo que nos dieron, así no hayan sabido cultivar de la mejor forma esa vida que les fue encomendada.

Nadie llega a ser adulto por sí solo. De seguro, en muchos momentos esos padres estuvieron ahí para cuidarnos, alimentarnos, protegernos de la enfermedad o de los peligros y tratar de hacer de nosotros gente buena. Es mucho mejor enfatizar en todo eso, que en aquello que no nos dieron.

7. Reconocer y aceptar el pasado

El pasado puede atravesarnos, siendo un obstáculo importante para dejar atrás el odio. Nadie puede pasar página y hacer como si no existiera ese ayer. La mejor manera de ubicarnos en el presente es volviendo a ese pasado con una mirada comprensiva. Profundizando en lo que fue y en las razones para que así fuera.

Apropiarse del pasado es un paso necesario para emanciparse emocionalmente de los padres. Esa apropiación supone una reinterpretación de lo sucedido a la luz de lo aprendido. También una aceptación plena de qué fue, cómo fue y solo podemos hacernos cargo de las consecuencias. Lo único que sigue es crecer.

Edith Sánchez

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