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5 películas con un argumento impactante

Estas historias despertarán tu curiosidad, tu empatía e incluso pondrán tus pelos de punta.

De vez en cuando necesitamos películas con un argumento impactante. Historias que despierten nuestra curiosidad, empatía o nos pongan los pelos de punta y que no nos dejen indiferentes.

¿Puede una historia sobre la maternidad sorprendernos?, ¿o quizá una película cualquiera de amor? La respuesta estará en lo bien hilado que esté el argumento y en la construcción de los personajes.

A continuación, te sugerimos una serie de películas que no tienen una temática fuera de lo usual, pero que son capaces de engancharnos a la trama.

1. Sin amor (Loveless), de Andrey Zvyagintsev

La película trata sobre una pareja rusa que atraviesa un divorcio poco amistoso, en el que las faltas de respeto y la agresividad son constantes. Ya la primera escena nos da una idea del punto tan crítico al que se ha llegado en el proceso de divorcio.

Necesitan vender el que ha sido su piso y empezar una nueva vida con sus respectivas parejas. El desprecio que sienten el uno por el otro hace honor al título de la película.

Todo esto no sería tan dramático si su hijo de 12 años no estuviera sufriendo el abandono y el desprecio de ambos. Los dos van a intentar no “quedarse” con él, entendiendo que es una carga para empezar una nueva vida.



Observamos al pequeño llorar desconsoladamente tras la brutal pelea de sus padres, mientras algo se rompe en nosotros. Nos hace pensar en la vulnerabilidad extrema de la infancia y de cómo hay momentos que pueden romper a un ser humano toda su vida. Tras varios días en los que sus padres hacen su vida con sus respectivas parejas, el niño desaparece.

Ahí comienza una búsqueda en la que el director Zvyagintsev establece un paralelismo entre la miseria moral del entorno del chico y la de su país. Una osadía que le ha puesto en el punto de mira de las autoridades rusas y el entorno de Vladimir Putin por la “mala propaganda” que hacen sus obras del país.

2. Te quiero hasta la muerte, de Anthony Jaswinski

Esta reseña es una doble recomendación. Basada en una historia real que conmocionó a la sociedad estadounidense. Su adaptación en pantalla también se ha llevado a cabo por la magnífica serie The Act que puedes ver en Amazon Prime.

Sin embargo, si no puedes ver los ocho episodios de esta producción, la película de Netflix inspirada en la misma historia que te recomendamos en este artículo en una buena opción para saber lo que ocurrió. Si hablamos de películas con argumentos impactantes, esta tiene doble mérito por estar basada en un caso real.

Te quiero hasta la muerte (Love You to Death en inglés); está basada en la desgarradora historia de Gypsy Rose y Dee Dee Blanchard. Gypsy Rose es una niña se ve obligada a fingir estar enferma bajo el régimen draconiano impuesto por su madre. Su progenitora padece el síndrome de Munchausen por poderes.

El maltrato a través de la invención de enfermedades

En este trastorno psicológico, el cuidador principal del hijo, con frecuencia la madre, simula síntomas o provoca síntomas reales para parecer enfermo. La película dramatiza la historia real y vuelve a contar la historia del abuso físico y psicológico severo.

La actriz ganadora del Oscar, Marcia Gay Harden interpreta a Camille, la madre aparentemente perfecta que cuida mucho de su hija enferma, Esme -interpretada por Emily Skeggs-.

El primer cuarto de hora de la película, la historia se cuenta desde el punto de vista de Camille, proyectando la imagen de madre perfecta. Sin embargo, cuando la película cambia para ser contada desde la perspectiva de Esme, el espectador descubre una red de mentiras, engaños, manipulación y abuso.

Camille obliga a Esme a fingir estar enferma para lograr una subvención. Esme entabla una relación con un chico, quien acepta ayudarla a escapar. Juntos, asesinan a Camille a sangre fría y huyen de la ciudad. La policía encuentra a Camille tirada en un charco de sangre y pronto arresta a Esme, quien cuenta una historia de profunda tortura

3. Help, de Marc Munden

Seleccionando películas con un argumento impactante, nos encontramos con el reciente protagonismo de la situación actual y sus efectos aún desconocidos en los trabajos o salud mental de las personas.

Los sanitarios, héroes repentinos, pero de consumo rápido, han vivido situaciones de estrés que han puesto al límite sus aptitudes físicas y psicológicas. Tras la gran pandemia, restricciones, agresiones, muertes de compañeros y olvido de las administraciones; la fortaleza de las personas sanitarias está quebrada. Y aún no sabemos qué efecto tendrá esto en su salud y en la nuestra, que depende de la de ellos.

Esta película se atreve a con un tema tan reciente y doloroso que da lugar a un producto audiovisual imprescindible, sobre todo, para ciertos grupos.

La historia comienza con una entrevista de la protagonista Sarah, la estrella Jodie Comer (Killing Eve). Sarah es una mujer decidida e inteligente, pero nunca encajó, ni en la educación formal ni en el trabajo. Su familia le dice que nunca llegará a nada, pero inesperadamente encuentra su vocación como cuidadora en el Bright Sky Homes, una pequeña residencia de personas de avanzada edad.

Sarah tiene un talento especial para conectarse con los residentes, incluido uno en particular, Tony (Stephen Graham), de 47 años, que presenta una especie de alzhéimer precoz. Su enfermedad provoca períodos de confusión y arrebatos violentos que los demás miembros del personal no pueden manejar, pero con Sarah comienza a construir un vínculo real.

El éxito de Sarah en el manejo de Tony y los otros pacientes ayuda a restaurar la confianza en sí misma. Tras este período de adaptación llega marzo de 2020. De repente, todo lo que Sarah ha logrado se pone en duda con la llegada de la pandemia.

Ella y sus colegas luchan incansablemente con uñas y dientes, mal equipados, mal preparados y aparentemente desamparados por los poderes fácticos.

Una decidida Sarah hace todo lo posible para proteger a quienes están a su cuidado, cuyas condiciones hacen que su sufrimiento y aislamiento sean aún más traumáticos. Sin embargo, el compromiso inquebrantable del personal, la compasión y los esfuerzos heroicos no pueden hacer mucho y Sarah busca desesperadamente una salida para uno de los internos.

4. La piedra de la paciencia, de Atiq Rahimi

Jean-Claude Carrière, uno de los guionistas más importantes de la historia del cine, co-escribe la adaptación de la novela ganadora del Premio Goncourt, escrita por Atiq Rahimi. En un guion mordaz y vívido, la actriz Golshifteh Farahani interpreta a una mujer angustiada en una zona en guerra, atendiendo a su marido herido, que se encuentra en un estado vegetativo después de recibir un disparo en el cuello.

En vida, cuando gozaba de todas sus facultades, fue un esposo cruel y tiránico. Ahora, ella siente que, a pesar de la abrumadora carga de cuidarlo, disfruta de una especie de libertad para decir lo que piensa a su marido, medio vivo y medio cadáver.

La mujer, joven y con dos hijas, alterna el tiempo que pasa en la casa, evitando a las guerrillas que siguen luchando en la calle, con el tiempo que pasa con su tía, una mujer liberada de todo yugo religioso y patriarcal que se queda a cargo de las niñas.

Tras muchas horas a solas con su esposo, ella comienza a contarle sus confidencias, tratándole como si fuese su piedra de la paciencia. Según esta leyenda árabe, una persona puede liberarse de todos sus pesares si le habla a una piedra en voz alta. Ahora su marido juega el papel de esa piedra.

A través de su relato descubrimos la vida de una mujer musulmana, sus pasiones, sus frustraciones, sus deseos y, sobre todo, su lucha contra la opresión masculina. Una película sensual, sugerente y que invita a soñar en un escenario devastado.

5. El Club, de Pablo Larraín

Dentro de películas con un argumento impactante, la pederastia siempre aparece como uno de los temas que más sensibilidades toca tanto en pantalla como en la vida real. El Club trata este tema desde una perspectiva única, contando la historia de un club oculto de pederastas en un pueblo costero de Chile.

El director de la película, Pablo Larraín, es un director chileno que ha creado películas complejas e inquietantes sobre un país que emerge de la negación sobre la dictadura de Pinochet. Sin embargo, lo cierto es que en las capas más internas de la sociedad sigue existiendo resentimiento y miedo, y su cine muestra este tipo de dolor.

El filme vuelve a esta idea de culpa y negación, que siempre parecen remontar a la política y la historia del país. Hay una intensidad claustrofóbica en el drama, con sabor a pesadilla.

Una violencia en el mismo relato cinematográfico

El maltrato infantil podría ser una metáfora de la tiranía política. Aún más extraño, los sacerdotes y su figura de monja carcelera han adquirido un pasatiempo: están entrenando a un galgo y preparándolo para lucrativas carreras locales. Es como si toda su sensualidad reprimida, su pecado y su odio a sí mismos se hubieran canalizado hacia este nuevo vicio de las carreras de perros.

Marcelo Alonso interpreta al padre García, el investigador especial de la iglesia, para destapar lo que ha estado sucediendo. Sin embargo, los sacerdotes resultan ser buenos para evitarlo, y cuanto más tiempo pasa allí, mayor es el argumento tácito para atemperar la justicia con misericordia. Por tanto, se elige un nuevo mártir como Jesucristo para hacer penitencia, para que así El Club quede olvidado para las instituciones, como ocurrió con la dictadura de Pinochet.

Cristina Roda Rivera.

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